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martes, 7 de enero de 2014

Formación, cotizaciones y ¿solidaridad?

Apenas ha cesado el eco de los peces que vuelven y vuelven a beber y de los pastorcillos que van a Belén y aún dura la resaca de buenos deseos consustancial a estas fechas cuando las declaraciones del presidente de CEOE le hacen despertar a uno de golpe.


Afirma Joan Rosell que la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo es un modelo agotado que debe desaparecer. Es claro que el modelo debe reajustarse pero de ahí a desmantelar un sistema va mucho. Es incomprensible el afán por destruir estructuras creadas con dinero público en lugar de realizar los cambios necesarios para que alcancen la eficiencia deseada. Optar por la destrucción en lugar de por el cambio de diseño es optar por el dispendio y eso, en un escenario de crisis económica, roza el absurdo si no la inmoralidad.

Pero no es esa propuesta de cierre de la Fundación Tripartita lo que me parece más grave de las declaraciones del presidente de CEOE. Ese hipotético cierre no deja de ser una propuesta operativa. Lo realmente preocupante es la propuesta ideológica porque o leo demasiado entre líneas o hay mucha ideología en esas declaraciones.

Rosell plantea que los fondos de formación provenientes de las cotizaciones para tal fin se destinen únicamente a trabajadores en activo y que, además, sean gestionados por las empresas puesto que "si el dinero es nuestro es lógico que nosotros lo controlemos".

Tanto impuestos como cotizaciones, con sus diferencias, son elementos de redistribución de la riqueza. El “Yo cotizo, yo me lo gestiono” es el inicio de la quiebra del estado del bienestar. Pero la insolidaridad que esconde la propuesta no acaba ahí: la CEOE exige que todos los fondos de las cotizaciones por formación se destinen a trabajadores en activo y que la formación de desempleados se financie con otros fondos. Y la exigencia tiene lugar en un momento en el que más del veinticinco por ciento de la población está en desempleo.

Resumiendo: lo que las empresas coticen que lo gestionen las empresas y a los trabajadores en desempleo que los formen con fondos de todos… ¿Cuál será el siguiente paso?

Y lo malo es que la respuesta del Gobierno es más bien tibia y, en todo caso, parecen preocuparle más los escándalos destapados en la gestión de los fondos de formación que la esencia del modelo propuesto por la organización patronal. Y, mientras, otros que tienen mucho que decir sobre estos temas callan o no se les oye…

domingo, 8 de diciembre de 2013

Generación X


Baby boomers, generación X, generación Y... Nunca me había parado a pensar a qué generación pertenezco, pero en esa tan humana y, a veces, tan estéril búsqueda de identidad, esta mañana me ha dado por indagar y resulta que pertenezco, según la Wikipedia, a la generación X.

También según la Wikipedia debo haber jugado a las canicas y al trompo, pero también con Nintendo y Atari. Bueno, yo fui más de Tente y Exin castillos. Pero a juzgar por el rango de fechas que propone soy un X de pura cepa.

Y entre esa búsqueda de etiqueta generacional y el aniversario de nuestra Constitución afloran recuerdos, muchos recuerdos.

Puede que sea X, pero con esa u otra etiqueta lo que sí sé es que pertenecí a una generación que, sin apenas comprender pero con suficiente uso de razón como para tener vívidos recuerdos, vio en blanco y negro el entierro de Franco y la coronación del Rey; escuchó gritos de “amnistía, libertad” y vio salir humo de unos botes que rodaban por las aceras. Una generación que pasó de la infancia a la adolescencia viendo cómo las ciudades se llenaban de carteles con caras y frases de esperanza mientras coches con altavoces esparcían las notas de “Libertad sin ira” y “Habla pueblo habla” y aquello que parecía una fiesta -y en cierto modo lo era- intuíamos que era algo muy gordo. Vimos cómo aquel del que se decía en voz muy baja “Es rojo, pero es buena persona. Niño tú de esto no digas nada”, pasó a ser rojo en voz alta y, además, ahora andaba metido en política.

Tequila nos gritaba “¡Salta!” y Los Secretos escribían sobre un vidrio mojado un nombre que siempre era el de nuestra chica, porque en aquel Madrid de mi infancia, cuando los ochenta acababan de nacer, las chicas de nuestra generación habían dejado las muñecas y nosotros los Madelman. En aquel Madrid en el que los mayores y nosotros mismos hablábamos del gobierno sin pudor, una tarde de febrero despertamos de golpe y nos dimos cuenta que lo que intuíamos que era muy gordo, era gordo de verdad y se podía perder diluido en una ensalada de tiros.

Nuestra generación no corrió o corrió muy poco delante de los grises ni estuvo fichada en los bajos de la Puerta del Sol y tampoco lloró ni tembló el 24 de enero del 77. No estuvimos en el elenco de aquella obra, aunque sí en las primeras filas y sin apenas darnos cuenta nos vimos en el escenario: se representaba otra obra, la democracia era lo normal, hubo tiempos de desempleo, olimpiadas y expo, GAL y Prestige, y tiempos de bonanza, de mucha bonanza. La España camisa blanca de mi esperanza se había convertido en una España camisa de cien colores y tejidos de alta gama con más presente que esperanza.

Hoy paseo por una calle y tres escaparates me miran vacíos, tan vacíos como la mirada del que acaba de leer por tercera vez las ofertas de empleo de un periódico capaz de amargar el más dulce de los desayunos.

Hoy nuestra generación no está sola en el escenario, están los Y, los millennians y quién sabe quién más. Pero sigue en la obra. La generación que vio nacer la Constitución del 77 sigue en el escenario y no puede cantar “se nos rompió de tanto usarlo” porque la democracia y el estado del bienestar españoles no pueden ser como el amor de Rocío Jurado.

La generación que estaba en las primeras filas del teatro en los setenta no puede dejar que se interrumpa la función. Quizá sea necesario recordar la España de aquellos años, no desde la nostalgia, no para hacer lo mismo, pero sí para recuperar la ilusión que se leía en tantas caras cuando de los altavoces de un errecinco salían las notas de “Libertad sin ira”.

martes, 29 de octubre de 2013

Un hombre nuevo

Algunos que me conocéis sabéis de mis pocas simpatías por aquel corresponsal de guerra -aquel si me resultaba simpático- que alcanzó la popularidad con Código Rojo, programa de sucesos con barniz de reality y morbo a raudales y que después se reconvirtió en escritor de éxito y columnista. No es extraño que la columna de Pérez Reverte tenga fieles seguidores, pues trasladar al papel lo que se comenta en los cafés con pluma ágil y en tono de ciudadano cabreado y, en ocasiones, con alguna que otra sonora grosería es sin duda una fórmula de éxito facilón. 

Pero tras esa suerte de populismo periodístico hay, a veces, un mensaje, quizá una ideología que se me antoja peligrosa.

La intervención de Pérez Reverte en el programa Salvados de La Sexta probablemente haya caído bien, verdades como puños, dirán algunos. Y es que el mensaje era directo, fácil de compartir y más en los tiempos que corren. Pero utilizando un símil de guerra naval, mundo en el que es tan versado el escritor, el mensaje creo yo que llevaba demasiadas cargas de profundidad, ocultas. Y si no es así, que me perdone la suspicacia. Si no es así, entonces es irresponsable, porque los personajes públicos con capacidad de influir y más aquellos a los que se les presume una vasta cultura tienen una responsabilidad.

Opina Reverte que "perdimos dos ocasiones de oro: en el Concilio de Trento y en la época de la Revolución Francesa", y en esta última "nos faltó lo que sí hubo en otros países, una guillotina". Demasiados años de corresponsal de guerra, D. Arturo.

Pero es otro el comentario que más me hace reflexionar:

"La parte positiva de esto es que si la crisis dura bastante para ser agónica, saldrá un hombre nuevo, pero hará falta una generación nueva, con niños educados de otra forma, en la austeridad...”

Y me pregunto:

¿Es preciso que los españoles lleguemos al límite -qué límite- para renacer como el ave Fénix?

¿Sólo desde la austeridad -forzosa- se puede educar? ¿Esa generación nueva incluye todos los estratos sociales? Porque no a todos los estratos llega su añorada austeridad.

¿Nos está indicando la austeridad como un estado ideal? Si es así ¿qué especie de neoascetismo propugna? Porque si negativa es la cultura del derroche no lo es menos la austeridad como objetivo vital.

Quizá, la respuesta a algunas de estas preguntas la encontremos en la primera parte de la entrevista:

"En otros tiempos, cuando las cosas iban mal, había ideologías que sostenían los ánimos. Ahora no hay líderes y la sociedad está indefensa. No hay una acción coordinada común ni una revolución que permita cambiar las cosas"…"vivimos en un mundo con demasiados mecanismos de anestesia".

La nostalgia es peligrosa y más cuando se convierte en melancolía.

Ideologías existen. El problema que el escritor parece encontrar es que no sean como las de otros tiempos, pero éstas surgieron en un determinado contexto y derramaron mucha sangre. Aunque si añora la guillotina, quizá no le suponga mucho problema.

Puedo compartir que la sociedad está haciendo gala de cierta pasividad y que durante este periodo ha faltado más respuesta social, pero de ahí a llamar a la revolución hay mucha distancia y, sobre todo, muchas formas de actuar.

Es posible que Pérez Reverte comparta algunas máximas que he escuchado en más de una ocasión: “la democracia atontece”, “el estado del bienestar embota, amansa” y entonces caiga en un círculo vicioso: revolución para prosperar y una vez alcanzada la prosperidad ¿vuelta al principio?

Personalmente sigo creyendo en el estado del bienestar y en la democracia. Y sigo creyendo que existen formas de vivir con justicia social sin necesidad de guillotina, sin necesidad de vivir en la austeridad forzada, tan sólo -y no es poco- es preciso honradez y política, entendiendo la política como la noble actividad mediante la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Esos mecanismos de anestesia que cita el escritor y que, sin duda, son preocupantes -y existen- se combaten en las aulas: formación política e historia, mucha historia.

Como no todo han de ser críticas, algo comparto de lo expresado por Pérez Reverte en su entrevista, eso sí con matices.

“…la aristocracia actual es la clase política, es una casta con privilegios, intocable y que se protege a sí mismaLas élites económicas y políticas son los mismos”.

Hay una diferencia fundamental entre la aristocracia del pasado y la clase política: la primera era marcadamente endogámica, mientras que la clase –me resisto a denominarla clase- política actual no lo es. Tampoco creo que la élite económica y la política sean las mismas, sin embargo su vinculación, tan evidente, se ha mostrado y se está mostrando especialmente perniciosa para la práctica política independiente.

Esa independencia del poder político -emanado de las urnas- con respecto del poder económico es imprescindible para una práctica democrática “sana”. Porque probablemente si los gobiernos hubiesen cumplido sus obligaciones de estado, aquellas para las que están legitimados por el voto de los ciudadanos, no estaría escribiendo estas líneas.

Por último, pido perdón a los seguidores de D. Arturo, pero no puedo evitar que eso de un hombre nuevo nacido de la austeridad y que nos haya faltado la guillotina me suene… pongan ustedes el adjetivo que prefieran.

martes, 8 de octubre de 2013

"Sólo el que sabe es libre"


Cuando el aire de las mañanas empieza a sentirse fresco, el olor cálido del café que escapa por la puerta entreabierta de las cafeterías resulta evocador, acogedor.

- Buenos días.

- Buenos días. ¿Cortadito?

- Si, gracias, como siempre.

- ¿Tostadita?

- Hoy no, gracias. ¿El periódico…?  (¿O debería haber pedido el periodiquito?)

- Allí

- Vale, gracias.

Leo:“La juez de lo Mercantil y su marido, también magistrado, cruzan denuncias”; “La Fiscalía lamenta que religiosas no quieran colaborar en 12 casos de bebés robados”; “Se entrega tras matar a su novia de 14 años en Lérida”; “La ONU enviará a Siria cien expertos en armas químicas”; “Recuperados ya 231 cuerpos de las aguas de Lampedusa”. Sigo leyendo, cansado, pero sigo leyendo: “El marido de Cospedal acumula cargos La exministra en Iberdrola”; “Magdalena Álvarez declara por el caso de los ERE”; “Los recortes llegan a las mutuas de los funcionarios”.

El informe PISA para adultos sitúa a España en el último lugar en conocimientos matemáticos y en el penúltimo en comprensión lectora.

¿En comprensión lectora? ¿Y no será un mecanismo de defensa? Porque a mí casi se me corta la leche del cortado y miren que es corta la cantidad.

Ironías aparte, quizá no deban sorprender tanto estos datos en un país donde cada cambio de gobierno lleva aparejada una nueva Ley de Educación.

Pero puestos a imaginar, en lugar de un mecanismo de defensa -propio-, también podría ser un mecanismo de control -externo-. En semejantes puestos del informe PISA, no es de extrañar que descifrar la factura de la luz se convierta en misión imposible. Ni que extraer el verdadero trasfondo de ciertas noticias y mucho menos compararlas con hechos históricos sea algo al alcance de cada vez menos lectores.

La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” (Nelson Mandela)  y Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe…Sólo la cultura da libertad…No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. ” (Pablo Unamuno). Pero mientras, un poquito menos de historia, algo menos de filosofía, menos aún de latín y del temario de Educación para la Ciudadanía eliminamos las referencias a la pobreza en el mundo y la falta de acceso a la educación como fuente de pobreza.

Nada que no se solucione con introducir el emprendimiento en la escuela, que libertad y liberalismo (o neoliberalismo ) proceden de la misma raíz. Y para el que no emprenda… Arbeit macht frei.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

España a la cola de Europa en formación de trabajadores

Hace unos días, algunos diarios se ocupaban del congreso de la Asociación de Entidades Organizadoras de Formación Continua (AENOA). Los medios de comunicación han sido unánimes en el titular. La noticia no era tanto la celebración del congreso, como la información aportada en una de las ponencias: “España a la cola de Europa en formación continua de trabajadores”.

Un titular que, perdón por la ironía, me recuerda a otra noticia que acabo de escuchar: “este fin de semana comienza el otoño”. A veces se hace noticia de lo obvio, de lo sabido y de lo absolutamente predecible.

En 1993 comenzaba en España la andadura de la formación continua como sistema regulado. Se creó un sistema de gestión bipartito participado por los agentes sociales y económicos. El sistema en su concepción teórica fue alabado en varios ámbitos europeos y, especialmente, en el CEDEFOP.

Matizo en su concepción teórica porque, en la práctica, la bisoñez del sistema demostró algunas debilidades: nada que con los convenientes ajustes no pudiera solucionarse. Sin embargo, a lo largo de su relativamente corta singladura, lejos de corregir el rumbo, ha enrolado tripulación poco avezada en estos mares, ha soportado dos fuertes tormentas y ha padecido alguno de los “males endémicos” de nuestro solar patrio. Con tal diario de navegación las posibilidades de alcanzar buen puerto son escasas: el titular de la noticia es poco o nada novedoso.

Nuevos tripulantes

A partir de 1997, con objeto de dotar de mayor transparencia al sistema, se incorporó la Administración a través del INEM. Sin que deba entenderse como una particular aversión a lo público ni a la Administración (nada más lejos), lo cierto es que ésta suele caracterizarse por su falta de dinamismo y flexibilidad y su inmensa capacidad de burocratizar y ralentizar la gestión. Y así fue.

De sobra es conocida también la tradicional y muy hispánica lejanía del legislador de despacho con la realidad del objeto sobre el que legisla. Y entiéndase lejanía como la diferencia entre la norma basada en postulados teóricos y la casuística del trabajo práctico, sobre la que el legislador suele mostrar un profundo desconocimiento, cuando no desprecio.

Las tormentas

Dos sentencias: una del Tribunal Europeo de la Libre Competencia y otra del Constitucional Español, referentes respectivamente a la formación en empresas y a competencias autonómicas.

Independientemente del debido respeto a los tribunales, ninguna de las dos sentencias debería haber constituido problemas severos para el sistema, sino más bien oportunidades para la mejora.

La sentencia del Tribunal de la Libre Competencia propició la creación del llamado sistema de bonificaciones o formación de demanda con un diseño casi inviable en un tejido empresarial de las características del español. La del Constitucional impulsó las transferencias autonómicas en materia de formación continua, que sin suponer un hecho negativo en sí mismo, tampoco contribuyó a una mejora sustancial de la eficiencia del sistema como podría haber supuesto la descentralización.

Los ajustes originados por la crisis económica (o, mejor dicho, por la orientación ideológica de la gestión de la crisis) han potenciado el sistema de demanda (o bonificaciones) en detrimento de la formación de oferta. Las estadísticas que se publican ofrecen datos cuantitativos favorables para el sistema, pero son estadísticas donde están ausentes los conceptos: calidad, eficacia y eficiencia.

Los “males endémicos”

La formación continua como toda actividad incipiente generó expectativas y oportunidades de negocio, lo que no es intrínsecamente negativo. No, salvo que se impregne de la muy española cultura del dinero fácil y rápido, la cultura del “pelotazo”. Algunas empresas y fundaciones crearon sólidas y comprometidas estructuras profesionales, pero, al mismo tiempo, nacieron –y muchas subsisten- multitud de empresas dedicadas a la gestión de formación con poca ética y menos profesionalidad.

La abundancia de fondos destinados a la formación propició abusos y dispendios contra los que no se supo o no se quiso actuar con eficacia. Las únicas medidas que se diseñaron sólo consiguieron entorpecer la gestión eficiente: mayor burocracia y disminución de las partidas que podrían aportar calidad al sistema; mayor vigilancia del cumplimiento de las obligaciones administrativas y nulo o escaso seguimiento de la calidad y del impacto de la formación. Un escenario en el que se mueven con soltura los oportunistas y se desesperan los profesionales.

En estos tiempos de crisis en los que tanto hablamos de la necesaria mejora de la competitividad la formación es un elemento imprescindible. Sin embargo, el sistema es más ineficaz que nunca: sería difícil aventurar el porcentaje de fondos destinados a formación bonificada que se pierden en cursos inútiles (o inexistentes), cursos de los que solo llega al beneficiario un “regalo” por haber participado: es la dura realidad.

Mientras tanto, las estructuras profesionalizadas y comprometidas con la formación de calidad se destruyen y su capital humano se pierde. Mientras tanto, la necesaria mejora de la cualificación de los trabajadores no llega a las empresas. Y, mientras tanto, en la ponencia que origina el titular se identifica como causa de “estar a la cola de Europa” ¡¡el desconocimiento del sistema!! ¿Es que acaso queda alguna empresa en España que no haya sido visitada por un comercial que ofrece cursos de formación a distancia con una tablet de regalo?

No hace mucho el gobierno y los agentes económicos y sociales han reanudado las negociaciones del Acuerdo de Formación para el Empleo: es una oportunidad para analizar en profundidad el sistema y corregir sus desviaciones. Otra oportunidad…

lunes, 26 de agosto de 2013

Hacer de la crisis oportunidad (o espectáculo)

Me había impuesto la tarea, dura, de ver el primer programa de “Entre todos”. No defrauda: sus señas de identidad son el peor estilo, el morbo y la caridad disfrazada de solidaridad.

Que una cadena de televisión emita programas de dudoso gusto y calidad mediocre no es novedoso, pero que la televisión estatal produzca este programa es ¿indignante? ¿inadmisible? Podrían ser muchos los calificativos. A mí me parece, simplemente, grave.

Una cadena pública, es decir, del Estado, es decir, de todos los españoles, no puede convertir en espectáculo la desgracia de los ciudadanos. Y mucho menos cuando esta desgracia no es fruto de una catástrofe natural sino de la gestión económica de sucesivos gobiernos, por acción o por omisión. Pero el análisis de la crisis económica no es el objetivo de este post.

Tampoco la bonhomía de los ciudadanos debería ser espectáculo. No al menos en este contexto.

“… para dar de comer a sus hijos…”, “…todos tenemos derecho a trabajar…”, “… gente que no está acostumbrada a pedir pa comer…” son algunas expresiones que hemos escuchado a la presentadora.

En el programa de hoy se “ha conseguido” financiación para emprendedores. Se ha conseguido trabajo y se ha conseguido una silla ortopédica.

La financiación es responsabilidad de los bancos (rescatados con dinero público). El trabajo es un derecho constitucional y existen servicios públicos de empleo. Y una silla ortopédica o una ayuda para su adquisición es un problema de bienestar social o de salud pública.

Las donaciones proceden en su mayor parte, si no en su totalidad, de personas de clase media con mayor o menor poder adquisitivo. Las mismas personas que aportan la mayor parte de la recaudación fiscal española son quienes, bienintencionadas, emocionadas por el tono sensiblero y morboso, además de casi circense, de la presentadora (o del guionista) realizan sus aportaciones para cubrir responsabilidades del Estado y, por delegación, del Gobierno. El mismo Gobierno que regenta esta cadena de televisión. (Mientras, las exportaciones aumentan, el consumo de bienes de lujo aumenta y las grandes fortunas, también… suma y sigue).

Y me queda una duda: la selección.

¿Se seleccionan las personas con mayor espíritu emprendedor, con la mejor idea de negocio? ¿Las más necesitadas? ¿O las que mejor juego televisivo pueden dar?

En cualquier caso, aclaro: ni critico a quienes acuden al programa ni a quienes donan. Todo lo contrario, vayan mis mejores deseos de éxito para ellos. Para ellos y para todos los que están en situaciones similares.

Hacía tiempo que la televisión estatal no ofrecía un espectáculo tan lamentable y tan reprobable desde la ética política.

Finalizo con la palabra que también podía haber sido el título de este post: vergüenza.

sábado, 3 de agosto de 2013

Y otra vez el FMI


Mapas, linternas, bastones de trekking, botas… Último -seguro que más bien será penúltimo- repaso a la lista de material. Por fin esta noche partimos hacia Pirineos.

No pensaba encender hoy el PC y mucho menos ponerme a escribir. La verdad es quería que la próxima entrada de este recién estrenado blog fuese alguna vivencia pirenaica, algo amable que compartir, pero no me quito de la cabeza el titular de ayer.

Lo primero que hago es consultar varias hemerotecas. Pues sí, lo que citaba en mi entrada anterior en el blog sobre Olvier Blanchard (FMI) no era una mala pasada de mi memoria: reconocía el error de recomendar recortes a Europa. Y el titular que mencionaba antes y que provoca este exabrupto bloguero es una nueva recomendación del FMI: un recorte de salarios del 10 %, una bajada de cotizaciones a la Seguridad Social y una –otra- subida del IVA (ésta dos años después) ayudarían a crear empleo. Perplejidad.

Si se bajan los salarios y disminuyen las cotizaciones parece evidente que se creará empleo y si dos años más tarde se aumenta el IVA puede que las arcas del estado se recuperen. La operación parece lógica.

Pero esto de no saber de economía me trae por la calle de la amargura, porque la lógica se me rompe cuando pienso en el consumo interno. Menos salarios y más IVA, menor consumo interno. Supongo que desde el punto de vista económico nada grave: se soluciona con más consumo exterior. Dicho de forma burda: produzcamos más y más barato que otro que pueda lo comprará.

Tiene toda la lógica del modelo social al que se nos conduce: una sociedad con mayores desigualdades sociales. Un modelo en el que primen los costes de producción sobre el bienestar del conjunto de la sociedad aunque ello implique una polarización social.

Pero lo que subyace a todo ello, independientemente (que no es poco) de cuestiones de justicia social, es una crisis de la legitimidad política: los gobiernos y sus instituciones (nacionales o internacionales), según la teoría política, representan a los estados y están legitimados por sus ciudadanos para la solución y gestión de sus conflictos y necesidades. Sin embargo lo que la gestión de esta crisis económica pone de manifiesto es a qué o a quiénes obedecen los gobiernos: a los intereses de la mayoría, desde luego, no.

Dos reflexiones finales: la primera es reiterativa con la entrada anterior de este blog: el estado del bienestar, además de para “estar bien”, tenía un objetivo de convivencia pacífica… cuidado.

La segunda es una reflexión muy personal: las ciencias son hijas de la humanidad. La biología ha procurado a la sociedad un mayor bienestar en disciplinas como la medicina, la farmacia y la agronomía, entre otras muchas. La física ha permitido todo tipo de avances tecnológicos. ¿Qué clase de hijo desnaturalizado es la economía, la ciencia de la administración de los bienes escasos o limitados, que ha puesto a la humanidad a su servicio en lugar de estar al servicio de ésta?

No nos harán creer que la economía tiene vida propia. No es un ordenador gigante de aquellos que protagonizaban las películas de los años setenta y tomaban el control de la Tierra. ¿No estamos cansados de ”la economía necesita…”, “los mercados piden…”? ¿Pero quién **** son los mercados? ¡¡La humanidad pide, la sociedad necesita!!

 Y, se me ovidaba: si recomendar recortes fue un error, bajar salarios ¿no es una forma de recorte? O su concepto de recorte tiene muy pocas connotaciones sociales o el FMI no tiene muy claro qué debe recomendar. No sé qué es peor.

Voy a seguir haciendo el equipaje.

jueves, 1 de agosto de 2013

¿Un nuevo Nuremberg?

No hace muchos días la prensa, con entusiasmo variable según qué prensa, publicaba que las auditorías practicadas por Deloitte a las cajas de ahorro españolas tenían presuntos errores. Hay quienes, incluso, califican de fiasco esas auditorias.

Me viene a la memoria que hace unos meses Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional, reconocía el “error” de exigir recortes a Europa.

Y mientras tanto, el desempleo se mantiene (al margen de coyunturas estacionales), buena parte del estado del bienestar se desmorona y, por primera vez desde que existe la  Encuesta Anual de Coste Laboral elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, el coste neto por trabajador ha disminuido. Crecen las grandes fortunas y aumenta el consumo de bienes de lujo.

Y uno que es dado a comparar y relacionar hechos pasados, afición que debe ser poco compartida en los entresijos del poder, se acuerda de Churchill, de Keynes y de Nuremberg.

Uno se acuerda de Churchill porque poco antes de la Conferencia de Yalta dijo que no se podía repetir otro Versalles y que deberían sentarse las bases para una Europa en paz. Y esas bases pasaban por una Europa sin desigualdades sociales acusadas. Porque la II Guerra Mundial no solo fue conflicto de origen territorial. Las enormes desigualdades sociales existentes propiciaron ideologías extremas que originaron dictaduras sin las cuales la historia probablemente hubiese sido distinta.

También uno se acuerda de Keynes porque el estado del bienestar es algo  más que el resultado de una teoría económica. Incluso es algo más que justicia social y redistribución de la riqueza: es un contrato social que mitiga la desigualdad y facilita la convivencia pacífica. Es, en cierto modo y dicho sea sin mucho rigor, la respuesta “sosegada” al conflicto capital-trabajo.

Y, por último, uno se acuerda de Nuremberg porque en esta ciudad nació la justicia internacional y el concepto de crímenes contra la humanidad.

Los errores de Deloitte y del Fondo Monetario Internacional son negligencias con consecuencias graves para la sociedad. Pero no son las únicas.

Los gobiernos y los bancos centrales han mantenido desde los años 70 y muy especialmente durante la década precedente al estallido de las subprime y la crisis económica posterior una laxa política monetaria por no decir una absoluta permisividad.

Los estados y, por tanto, los gobiernos tienen la responsabilidad del bienestar de los ciudadanos y para ello ostentan el monopolio de la coerción legítima. Son proteccionistas -no nos dejan ir a más de 120 kilómetros por hora para que no nos matemos- pero sí han permitido un endeudamiento desmedido y peligrosas estrategias financieras que conducían a un extremo riesgo de liquidez. Las consecuencias las conocemos.

Si la negligencia está tipificada como delito ¿no parece que podría pensarse en un nuevo Nuremberg?

Salvo que se piense que Nuremberg fuera la gran escenificación de la relación entre poder y justicia internacional -¿Hiroshima, Gulag, Dresde…?-, en cuyo caso hoy sería (es) impensable un juicio al sistema financiero y a la responsabilidad subsidiaria de los gobiernos: ¿quién juzgaría?


Mal empieza este blog que nacía con vocación optimista.