jueves, 28 de noviembre de 2013

Algo se mueve



El fin de semana pasado algo extraño sucedía en el edificio de CETIEX de Badajoz, en el Parque Tecnológico: un grupo de personas trabajaban o se divertían o más bien ambas cosas a la vez diseñando servicios sostenibles. No cobraban por ello y además pondrían sus resultados a disposición de la sociedad en la web de Global Sustainability Jam. Esto mismo sucedía simultáneamente en otras muchas ciudades del planeta, unas setenta, si no me equivoco. Se estaba celebrando la Extrem Sustainability Jam de la mano de Ángel Álvarez Taladriz.

Allí estuve y volvería a participar mañana: una grata y enriquecedora experiencia sobre la que me estaba resistiendo a escribir no porque no lo merezca sino porque esperaba que plumas más cualificadas lo hiciesen y así ha sido: Alejandro Hernández Renner en su columna Exnovadores del periódico HOY da buena cuenta del evento.

Unas páginas más adelante, en el mismo diario en el que leo con agrado la columna de Alejandro, se publica: “Los padres no entienden el vocabulario que sus hijos utilizan en internet”. Y al hilo, me pregunto si el lenguaje de la columna de Exnovadores lo entienden en las alturas.

Porque algo se mueve mientras las reformas de un sistema que se decía agotado más parecen dietas de adelgazamiento del estado del bienestar. Dietas milagro para alcanzar tipito en el tiempo preciso, a ser posible, en cuatro años o mejor, tres y medio. La obesidad mórbida, no se arregla con dietas milagro, se arregla con un cambio de hábitos. Las dietas milagro suelen tener efectos secundarios y, sobre todo, suelen volver más tarde o más temprano a la situación de partida.

Algo se mueve hablando de compartir, hablando de sociedad civil, de sostenibilidad y de nuevas formas de crear. Hablando quizá de que otra economía es posible.

viernes, 22 de noviembre de 2013

¡Me ha salido una perroflauta en el aula!

Un gorro de mil colores y punto grueso, como el de los jerséis que me tejía mi abuela, y de hechuras a medio camino entre solideo cardenalicio y sombrero cloché coronaba una cabellera rubia, larga, hirsuta y desaliñada. Para el resto de la indumentaria no encuentro en mi escaso vocabulario en materia de prendas femeninas los términos más apropiados para describir con acierto un conjunto, que no sé si encuadrar en un decorado de los bosques encantados de la mitología germánica, entre los juglares del medievo, en el festival de Woodstock del 69 o en todos a la vez.

¡Vaya! ¡Me ha salido una perroflauta en el aula! 

Y en ese trance me encontraba: impartiendo un seminario en la Universidad sobre Formación para el Empleo mientras toda la artillería de la prensa nacional centraba sus disparos en la presunta malversación de los fondos de Formación para el Empleo. Y me sale una perroflauta en la tercera fila de asientos del auditorio.

Afronté decidido la exposición. Pedí participación y la obtuve. La sesión discurría por buen cauce, gestos atentos, preguntas oportunas y opiniones acertadas. 

Pero el momento tenía que llegar y había que abordar la participación de patronal y sindicatos en el sistema de formación para el empleo. Antes pregunto si están enterados de los últimos titulares de la prensa y sí, la rubia cabellera oscila en claro gesto de asentimiento. Se intuye tormenta y mientras expongo, precavido voy cargando la batería de argumentos.

Espero las opiniones y la perroflauta levanta la mano. Ya está. Me dispongo a recibir la soflama antisistema. Termina su intervención y guardo silencio. No un minuto, que resulta luctuoso; quizá treinta segundos o quince. Guardo un silencio que subraya la intervención y guardo silencio porque me cuesta encontrar la respuesta.

Hacía tiempo que no escuchaba una definición del diálogo social tan limpia, tan clarividente, sin anteponer unos agentes a otros, sin menoscabar a ninguno. No utilizó el término diálogo social, su verbo no fue ágil ni brillante. No escuché ni fondos ni financiaciones, ni dinero ni corrupción, ni escándalos ni repartos. Tan solo repartió sentido común. Desnudito, como vino al mundo con la Constitución del 78 dejó la perroflauta este concepto que de tanto ir y venir anda ya necesitado de higiene.

En pleno auge de la balneoterapia, la palabra se las trae, puede parecer ir contracorriente incluso puede resultar anticuado reconocer que a uno no le guste demasiado ni lo de ponerse en remojo ni lo de cocerse al vapor. Quizá sea que mi afición a la cocina genere asociaciones mentales poco apetecibles. Pero dicen, y les creo, los aficionados a estas maceraciones y cocimientos que de ellos se sale renovado y lleno de energía. Pues así salí del aula, renovado y con ilusiones después de esta inmersión en la universidad: toda una sesión de balneoterapia mental. 

Dejo volar la imaginación y veo a la perroflauta caminando por el paseo de Cánovas. Pasa cerca de un velador en el que se oye:

- ¡Esta juventud…!

Unos labios de rojo carmín responden: -Perdidos, Paco, ni oficio ni beneficio. ¡Lo que hay que ver! ¿Dónde irá con esas pintas?

Y Paco asiente mientras tira la colilla al suelo y cae al lado de una servilleta con restos de carmín rojo.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

J'acusse (Dedicado a Victoria Prego)

“…Puesto que ellos osaron, yo también osaré. Diré la verdad, puesto que prometí decirla, si la justicia, regularmente sometida, no lo hiciera, plena y enteramente. Mi deber es de hablar, no puedo ser cómplice. Mis noches estarían llenas de vergüenza…” (Cámbiese en nuestro caso justicia por prensa) Con este párrafo del celebérrimo artículo de Zola  j’acusse me identifico al escribir hoy tras los visillos.

Harto e indignado escribió Zola su j’acusse, con tanto acierto que ha sido profusamente parafraseado, y harto e indignado escribo hoy, sin que ello suponga pretensión alguna de equipararme al literato francés. Uno lee y escucha opiniones y noticias rayanas en la difamación y uno tiene paciencia, “si es mejor no entrar al trapo” dicen, pero no hay recipientes infinitos y sí hay gotas que los colman. Pido pues disculpas a quienes tengáis todavía la paciencia de leerme si consideráis iracundo el tono del artículo.

Casualidades: ayer mismo, no hace ni veinticuatro horas, que recomendaba un libro de Victoria Prego a una amiga; hoy leo su columna en El Mundo y la decepción me invade. Siempre he admirado la profesionalidad de Victoria Prego. Hacía tiempo que no leía nada suyo y compruebo con desagrado que se ha unido a los columnistas que, teniendo fiel parroquia de seguidores, se suman a los mensajes populistas y sensacionalistas abandonando el periodismo de investigación en el que en su día pudieron destacar. Si el poder corrompe, en el caso de los periodistas parece que el éxito apoltrona. Porque para alguien de pluma ágil y larga escuela no debe resultar muy difícil escribir columnas en las que de forma más o menos ocurrente se exprese lo que el lector desea leer. Y si es siguiendo las tendencias de moda o las dictadas desde algunos poderes, mejor.

Abre El Mundo su portada de la edición digital con una noticia sobre un entramado de empresas dedicadas a la formación de un determinado sindicato. Desconozco los detalles, por lo tanto lo prudente es no opinar: si ha habido mala praxis, la justicia actuará. Y en esta noticia basa Victoria Prego su columna de hoy arremetiendo contra todos, sembrando la duda sobre patronales y sindicatos, difamando al sistema de formación para el empleo y cayendo en la más burda generalización: ¿dónde ha quedado el riguroso y buen periodismo de investigación que antaño profesó?

Diecisiete años, doce de ellos como directivo, trabajando en el sistema de formación para el empleo dan para conocer algo de sus entretelas y dan, sobre todo, para que las afirmaciones de la columnista toquen la fibra más sensible.

Inicia Prego su artículo afirmando que “El negocio de los cursos de formación parece ser uno de los más boyantes aun en tiempos de crisis…”. Sin duda, la periodista desde la poltrona de su columna nunca ha tenido que despedir en un día a quince grandes profesionales, compañeros y, además, amigos. Porque esa fue una de mis últimas tareas en el sistema y le puedo asegurar que pocos tragos hay tan amargos. Y no he sido, ni mucho menos, el único en trances similares. Para lanzar tal afirmación, seguramente ignora la drástica reducción que la crisis ha ocasionado en los fondos destinados a formación gestionada por patronales y sindicatos, cercana al ochenta por ciento si se suman fondos estatales y autonómicos. Seguramente también ignora que esa reducción y esos despidos llevan aparejada la destrucción de estructuras profesionales levantadas con dinero público y eso es otra forma si no de estafar a los ciudadanos, al menos de dilapidar recursos muy necesarios en estos tiempos; máxime cuando la cuestión no es impartir menos formación -lo que también sería incomprensible en estos tiempos, - sino traspasarla a otras manos, éstas sí con expreso ánimo de lucro.

Probablemente tampoco sepa que cuando se ideó el sistema bipartito -patronal y sindicatos- de gestión de la formación, así se hizo para que ésta estuviese más ligada al sistema productivo -empresas y trabajadores- y por tanto su diseño fuese más eficaz y adaptado a la realidad productiva. Aunque también podríamos añadir que el gobierno buscaba en quién delegar (de forma semejante a la enseñanza concertada) un sistema de formación necesario y que sus servicios de empleo eran incapaces de asumir.

“…los parados españoles debían ser los mejor formados no ya de Europa, sino del planeta entero…”. Continúa afirmando la periodista haciendo gala de paupérrima ironía y desconocimiento, puesto que los fondos destinados a formación para el empleo lo son tanto para desempleados como para trabajadores en activo y eso amplía notablemente el número de destinatarios. Supongo que tampoco ha investigado a cuánto ascienden los presupuestos que otros países destinan a formación. Y sería mucho pedir que se hubiese preguntado si la posible falta de eficiencia del sistema se debe al supuesto mal uso de los fondos o a la normativa redactada desde las alturas de los despachos y con profundo desconocimiento de la realidad productiva. Una normativa que ha generado un sistema poco ágil y excesivamente burocratizado.

Sigo leyendo y Victoria Prego pasa directamente al insulto: “Lo que pasa es que esos cursos de formación son en su mayoría un auténtico timo destinado, por ejemplo, no a proporcionar una vía de acceso al mundo del trabajo a quien ha quedado fuera de él, sino a enmascarar una vía de financiación suplementaria y muy provechosa del sindicato.” E insulta, además, desde la ignorancia porque en este punto vienen, otra vez, a colación los quince despidos que mencionaba al inicio: ¿Cree la periodista que un sistema de formación de calidad y capaz de hacer frente a la ingente burocracia que origina se gestiona solo? ¿Sabe la periodista que la Administración exclusivamente se ha preocupado del control del gasto haciendo caso omiso de la calidad de la formación y que ésta ha dependido exclusivamente de quienes nos hemos ocupado de ella creando estructuras muy cualificadas -las que ahora hemos tenido que destruir-? Imagino, también, que la periodista sabrá que los cursos los imparten profesores -que tienen la mala costumbre de cobrar a fin de mes-; que en los cursos se entregan manuales y libros, que las imprentas suelen cobrar; que se imparten en aulas, que no se alumbran con candiles; que los alumnos están asegurados, que usan bolígrafos y cuadernos, que en gran parte de los cursos se utilizan costosos equipamientos…

Pero hay más cosas que la columnista ignora o prefiere callar: el trabajo de cientos de delegados sindicales, algunos liberados, la mayoría no, que desarrollan un trabajo continuo y callado de detección de necesidades de formación que contribuye al diseño de propuestas de formación que han ido evolucionando conforme a las necesidades de trabajadores y empresas. Del mismo modo que ignora o calla quién soporta los costes financieros de los largos retrasos de la Administración en hacer efectivos los pagos de las subvenciones destinadas a formación.

Y en su ostentación del vilipendio gratuito, Prego duda: “Queremos saber qué cursos se han dado, cuántas personas han acudido a ellos y qué grado de aprovechamiento han tenido."… Pues, Doña Victoria, recuerde sus viejos tiempos de buena periodista e investíguelo. ¿Qué digo? Consúltelo porque no hay nada que investigar: son datos públicos.

Sin duda en el sistema ha habido corruptelas y malas prácticas y hay que eliminarlas. No es admisible la malversación de ningún fondo público. Pero eso no da licencia al insulto generalizado, a la difamación indiscriminada. Del mismo modo que no sería justo que después de leer la columna de Victoria Prego aplicase lo mismo que pienso de ella al común de la muy honrosa profesión de periodista.

Siento la longitud del artículo, a pesar de dejarme decenas de ideas en el tintero, siento el tono. Pero se lo debía a mis compañeros de FOREM, a los despedidos y a los que siguen: profesionales comprometidos que nunca han mirado el reloj a la hora de salir; se lo debía a las muchas personas de Comisiones Obreras que he conocido en estos años y que han demostrado su compromiso con la formación de los trabajadores, también, a quienes he conocido en patronales y otros sindicatos y que también han demostrado tener una idea clara y honesta de cómo debe ser un sistema de formación para el empleo y a los muchos profesionales que trabajan en España de forma honrada y comprometida en el tan denostado sistema de formación.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Ante la depresión

Juan Antonio Vallejo Nágera fue psiquiatra, escritor de ensayo y novela y pintor naif. Para unos fue generador de libros exitosos y para otros, gran divulgador. Recuerdo con agrado Locos egregios y Yo, el rey, pero no lo cito para analizar su obra, que sería pretencioso y atrevido por mi parte, sino para pedir disculpas por plagiar el título de uno de sus libros: Ante la depresión.

Y es que no encontraba mejor título para este artículo fruto de un repaso a la corta andadura de este blog. Reviso cada uno de los artículos y en buena parte encuentro contenido crítico, muchas veces no exento de negatividad. Y ni mucho menos se trata de hacer acto de contrición: el blog nació para compartir opiniones y vivencias y los tiempos que corren me han llevado por esos derroteros sin que en ningún momento me haya abandonado el deseo, cada día mayor, de compartir ocurrencias más alegres. Porque de eso estamos muy necesitados: de alegría y más aún que de alegría, de optimismo.

Para salir de esta crisis, dicen, hacen falta reformas y no creo que pueda ponerse en duda. Otro asunto es la orientación de las reformas. También hacen falta emprendedores, sobre todo, muchos emprendedores: eso sí que da para un artículo entero y de los largos, así que aparco el tema. Sin embargo no escucho que haga falta optimismo, no escucho mensajes sobre las actitudes necesarias para transitar con éxito el duro camino que nos queda por recorrer. Porque de duro camino y de primera persona del plural sí que escucho mensajes.

Pero una sociedad sumida en la melancolía, una sociedad ante la depresión lo tiene mucho más difícil. La depresión es un trastorno que se caracteriza por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad; provoca incapacidad para disfrutar de los acontecimientos de la vida cotidiana y suele presentar un agotamiento que se ve reflejado en la falta de interés hacia uno mismo o incluso en desidia para la productividad. Del mismo modo que se habla de las inteligencias colectivas y del mismo modo que los grupos presentan comportamientos propios, se me ocurre que una sociedad pueda estar deprimida o ante la depresión, aunque la definición científica de este trastorno se refiera solamente al individuo.

Buenos días ¿qué tal?” Un saludo convencional al que respondíamos con el no menos convencional “Muy bien ¿y tú?” aunque estuviésemos con una gripe de caballo o el coche nos hubiese regalado un imprevisto de los que dejan la cuenta bancaria si aliento. Sin embargo, parece que se van modificando las respuestas y el tradicional “Muy bien” ha evolucionado a “Buenoooo”, “Mmmm… No me puedo quejar” o “Para la que está cayendooo… bien”. Y es que comienza a invadirnos cierto pudor que nos impide decir “Muy bien”. Unas veces es esa especie de pudor; otras, es que hemos escuchado las noticias a primera hora de la mañana y resulta difícil remontar el ánimo. Merece la pena observar los saludos, en la tienda, en la barra del bar, en la calle: el optimismo está pasando de ser un valor a ser un signo de ostentación.

Esta crisis que comenzó como una desaceleración de la economía está durando demasiado, más de lo que una sociedad puede soportar sin que afecte a su comportamiento. Pero no es sólo un problema de tiempo: son los brotes verdes, los comienzos de recuperación, las luces al final del túnel, los recortes envueltos en reforma estructural, la pérdida de derechos con barniz de flexibilidad… No sólo es un problema de tiempo, es un problema de falta de confianza. Y he omitido conscientemente la corrupción: eso tan sólo es la guinda de un pastel demasiado indigesto.

Churchill ofreció la victoria en la II Guerra Mundial y prometió sangre, sudor y lágrimas y el pueblo sangró en los frentes, sudó en las fábricas y lloró bajo las bombas. Simplemente ni mintió ni utilizó eufemismos.

Aunque hoy sea poco popular decirlo, sigo manteniendo un cierto respeto, a veces admiración, por quienes dedican su vida a la política, comparta o no sus ideas. Y justo es reconocer que desde 2007 no ha sido precisamente fácil el ejercicio del gobierno en España. ¿Era preciso tomar decisiones impopulares? Sin duda. ¿Podían haber sido diferentes? Probablemente. Pero, en cualquier caso, las formas son importantes. Igual que siempre será mejor atendido “Un café, por favor” que ladrar “¡Un café!” Las formas importan, cimentan la convivencia: en la empresa, en la calle, en la familia y, desde luego, en el estilo de comunicación de los gobiernos. Hay sonrisas que enamoran, sonrisas que cautivan y sonrisas que insultan, como las que tantas veces hemos visto en las bancadas del Congreso y en ruedas de prensa y entrevistas cuando se han anunciado reformas muy duras para la ciudadanía.

Es posible, me faltan argumentos tanto para creerlo como para discutirlo, que el final de la crisis se otee en el horizonte. Siempre se avista tierra antes desde el palo mayor y el puente de mando que desde la cubierta. Quienes estamos en la cubierta y bajo ella sólo podemos creer. El optimismo y el trabajo de la marinería son imprescindibles para arribar a buen puerto y eso se consigue cuando se transmite confianza.

Es posible que se estén dando los factores macroeconómicos necesarios para que se inicie la recuperación, también parece -y cierto es que nos lo han avisado- que falta bastante para que esa tendencia se transmita a la economía real -cuesta no caer en el chiste fácil y preguntar si, por contraposición, lo que ahora comienza a ir bien es la economía irreal-. Pero para que esa recuperación realmente se active, además de generar confianza en los mercados, ¿no será necesario generar confianza en la sociedad?

Los gobiernos, además de tomar las decisiones estructurales y económicas que sean precisas, también deberían asumir la responsabilidad de generar confianza en la sociedad, aunque sea con sangre sudor y lágrimas. El optimismo es necesario para remontar los momentos difíciles. Y eso no lo están consiguiendo. Quizá, entre tanta reforma privatizadora, entre tanta delegación de responsabilidades gubernamentales en la ciudadanía, también la generación de optimismo se haya delegado exclusivamente en la ciudadanía. Y así el optimismo podrá volver, sin duda volverá, pero no la confianza.

Me cuesta creer en una recuperación sin una sociedad que confíe en sus gobiernos, en una recuperación con una sociedad ante la depresión, sin optimismo. Y en caso de que así sucediese, entonces no es la recuperación que quiero.

martes, 5 de noviembre de 2013

Caiga quien caiga


Escribo rápido, será un artículo breve. No quiero que las noticias me lo estropeen. Los datos de empleo -o del paro- se publicarán pronto. Pero no es el empleo sino las actitudes las que motivan estas líneas.

Las redes sociales son un magnífico escaparate de actitudes: en ellas todos opinamos, deseamos, expresamos. Y expresando dejamos intuir incluso lo que no queríamos expresar. Así es la comunicación: apasionante y, a veces, traicionera.

Ayer y hoy se cuentan por decenas los post en las redes sociales que vaticinan o dejan entrever un resultado negativo de los datos de empleo y lo hacen con un soterrado pero demasiado evidente triunfalismo: un dato negativo en el empleo es negativo, se mire como se mire, y un dato positivo es positivo. Es cierto que tales resultados hay que interpretarlos en términos de calidad del empleo, de tendencias, explorar causas y consecuencias, comparar datos de empleo con datos de afiliación a la Seguridad Social y obtener todo tipo de conclusiones.

No comparto las políticas económica ni laboral de este Gobierno, sobre ello he escrito y sin rubor lo manifiesto. Pero no puedo dejar de sorprenderme, más bien de indignarme, cuando desde las alturas de un empleo estable algunos muestran con mayor o menor expresividad su alborozo ante el posible mal dato de empleo.

Solo alcanzo a imaginar dos explicaciones: o bien ansían el cataclismo final para poder hacer sus políticas, caiga quien caiga en el camino; o bien han perdido el norte y cualquier fracaso del contrario es bienvenido, caiga quien caiga en el camino. Porque el norte de un político -en una democracia- o de un sindicalista, sea cual sea su ideología, es el bienestar de los ciudadanos. Aunque bien sabemos que alcanzadas algunas latitudes del poder las brújulas tienden a marcar datos erróneos.

Quien desde las alturas de un empleo estable, en estos tiempos, muestre tan solo un atisbo de satisfacción ante un posible mal dato de empleo tiene una grave ausencia de empatía con los verdaderos protagonistas del dato: los desempleados.

jueves, 31 de octubre de 2013

Presupuestos, enmiendas y bobadas

Ayer mismo hablaba en este blog de populismo periodístico, si es que existe el término, pero no hay nada peor que el populismo político y mucho más cuando va acompañado de irresponsabilidad o ignorancia, nunca sabemos qué es peor.

El proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado es bastante tedioso, más aún lo son las enmiendas, sin embargo no deja de ser un ejercicio curioso leer algunas partes sobre las que se tiene algún conocimiento. Y en esa tarea me encuentro al llegar a mis manos una enmienda de Unión Progreso y Democracia.

El partido liderado por Rosa Díez y amenizado por Toni Cantó propone en tres enmiendas sucesivas (páginas 175 y 176 del Boletín de las Cortes Generales número 63-7 de 29 de octubre) disminuir los gastos corrientes de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo en unos treinta millones de euros: 11.370.000 € que propone destinar a programas de fomento del empleo agrario; 11.000.000 € que destinaría a acciones del subsistema de formación profesional de desempleados que serían gestionadas por instituciones sin ánimo de lucro y 8.500.000 € para planes de reinserción y de mejora de la capacidad de ocupación de los demandantes de empleo.

No suena mal. Si además significa quitarle pelas al FORCEM -que así se llamaba antes la Fundación- mejor, porque eso son pelas para que se las repartan los sindicatos y la patronal.

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Dos ejemplos de la lluvia de noticias al respecto:

http://www.fundaciontripartita.org/almacenV/doc/Noticias/31232_35352013143154.pdf
http://www.fundaciontripartita.org/almacenV/doc/Noticias/24317_161116112012131428.pdf
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Prefiero suponer que UPD con la referida enmienda es consciente de sus consecuencias y conoce los presupuestos de la Fundación Tripartita porque:
  •  La reducción de treinta millones de euros en gastos corrientes supone el práctico desmantelamiento de la Fundación.
  • Si la Fundación queda reducida a la mínima expresión, si no desaparecida, “alguien” tendrá que gestionar los alrededor de ochocientos millones de euros en iniciativas de formación que actualmente controla la FTFE. Y ese “alguien”, supongamos que sea el Servicio Público de Empleo, tendrá irremediablemente que dotarse de recursos técnicos y humanos para absorber ese volumen de trabajo.
  • ¿Sabe UPD lo que cuesta en tiempo y dinero organizar un sistema de gestión similar a la FTFE?
  • Si se resta esa cantidad del presupuesto de funcionamiento de la Fundación, bastante más de cien trabajadores con una antigüedad superior (de media) a los diez años tendrán que ser despedidos e indemnizados (¿lo han cuantificado?) y pasarán a cobrar la prestación por desempleo.
  • La Fundación, sus sistemas informáticos y su estructura de conocimiento han sido financiados con fondos públicos: su destrucción es una pérdida en el activo del Estado y, por lo tanto, de los ciudadanos (aunque de ejemplos como ese vamos sobrados en los últimos tiempos).
Teniendo en cuenta que el presupuesto para políticas activas de empleo es de 4.079 millones de euros, los 30 millones que UPD pretende agregar al capítulo son una cantidad insignificante comparándola con el perjuicio que causaría.
En definitiva, una enmienda que solo puede ser fruto de la irresponsabilidad o de la ignorancia porque si en el programa de gobierno de UPD se incluye la desaparición de la Fundación y otro modelo de gestión de la formación, lo que sería una opción política tan válida y respetable como cualquier otra, los cauces para lograrlo son otros. Eso sí, es una enmienda probablemente popular y molona.
Leyendo esta enmienda -y teniendo la suerte de tener datos para analizarla- me entran sudores fríos al pensar en la ligereza con la que puede llegar a actuar un partido que aspira a convertirse en alternativa.

martes, 29 de octubre de 2013

Un hombre nuevo

Algunos que me conocéis sabéis de mis pocas simpatías por aquel corresponsal de guerra -aquel si me resultaba simpático- que alcanzó la popularidad con Código Rojo, programa de sucesos con barniz de reality y morbo a raudales y que después se reconvirtió en escritor de éxito y columnista. No es extraño que la columna de Pérez Reverte tenga fieles seguidores, pues trasladar al papel lo que se comenta en los cafés con pluma ágil y en tono de ciudadano cabreado y, en ocasiones, con alguna que otra sonora grosería es sin duda una fórmula de éxito facilón. 

Pero tras esa suerte de populismo periodístico hay, a veces, un mensaje, quizá una ideología que se me antoja peligrosa.

La intervención de Pérez Reverte en el programa Salvados de La Sexta probablemente haya caído bien, verdades como puños, dirán algunos. Y es que el mensaje era directo, fácil de compartir y más en los tiempos que corren. Pero utilizando un símil de guerra naval, mundo en el que es tan versado el escritor, el mensaje creo yo que llevaba demasiadas cargas de profundidad, ocultas. Y si no es así, que me perdone la suspicacia. Si no es así, entonces es irresponsable, porque los personajes públicos con capacidad de influir y más aquellos a los que se les presume una vasta cultura tienen una responsabilidad.

Opina Reverte que "perdimos dos ocasiones de oro: en el Concilio de Trento y en la época de la Revolución Francesa", y en esta última "nos faltó lo que sí hubo en otros países, una guillotina". Demasiados años de corresponsal de guerra, D. Arturo.

Pero es otro el comentario que más me hace reflexionar:

"La parte positiva de esto es que si la crisis dura bastante para ser agónica, saldrá un hombre nuevo, pero hará falta una generación nueva, con niños educados de otra forma, en la austeridad...”

Y me pregunto:

¿Es preciso que los españoles lleguemos al límite -qué límite- para renacer como el ave Fénix?

¿Sólo desde la austeridad -forzosa- se puede educar? ¿Esa generación nueva incluye todos los estratos sociales? Porque no a todos los estratos llega su añorada austeridad.

¿Nos está indicando la austeridad como un estado ideal? Si es así ¿qué especie de neoascetismo propugna? Porque si negativa es la cultura del derroche no lo es menos la austeridad como objetivo vital.

Quizá, la respuesta a algunas de estas preguntas la encontremos en la primera parte de la entrevista:

"En otros tiempos, cuando las cosas iban mal, había ideologías que sostenían los ánimos. Ahora no hay líderes y la sociedad está indefensa. No hay una acción coordinada común ni una revolución que permita cambiar las cosas"…"vivimos en un mundo con demasiados mecanismos de anestesia".

La nostalgia es peligrosa y más cuando se convierte en melancolía.

Ideologías existen. El problema que el escritor parece encontrar es que no sean como las de otros tiempos, pero éstas surgieron en un determinado contexto y derramaron mucha sangre. Aunque si añora la guillotina, quizá no le suponga mucho problema.

Puedo compartir que la sociedad está haciendo gala de cierta pasividad y que durante este periodo ha faltado más respuesta social, pero de ahí a llamar a la revolución hay mucha distancia y, sobre todo, muchas formas de actuar.

Es posible que Pérez Reverte comparta algunas máximas que he escuchado en más de una ocasión: “la democracia atontece”, “el estado del bienestar embota, amansa” y entonces caiga en un círculo vicioso: revolución para prosperar y una vez alcanzada la prosperidad ¿vuelta al principio?

Personalmente sigo creyendo en el estado del bienestar y en la democracia. Y sigo creyendo que existen formas de vivir con justicia social sin necesidad de guillotina, sin necesidad de vivir en la austeridad forzada, tan sólo -y no es poco- es preciso honradez y política, entendiendo la política como la noble actividad mediante la cual una sociedad libre, compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Esos mecanismos de anestesia que cita el escritor y que, sin duda, son preocupantes -y existen- se combaten en las aulas: formación política e historia, mucha historia.

Como no todo han de ser críticas, algo comparto de lo expresado por Pérez Reverte en su entrevista, eso sí con matices.

“…la aristocracia actual es la clase política, es una casta con privilegios, intocable y que se protege a sí mismaLas élites económicas y políticas son los mismos”.

Hay una diferencia fundamental entre la aristocracia del pasado y la clase política: la primera era marcadamente endogámica, mientras que la clase –me resisto a denominarla clase- política actual no lo es. Tampoco creo que la élite económica y la política sean las mismas, sin embargo su vinculación, tan evidente, se ha mostrado y se está mostrando especialmente perniciosa para la práctica política independiente.

Esa independencia del poder político -emanado de las urnas- con respecto del poder económico es imprescindible para una práctica democrática “sana”. Porque probablemente si los gobiernos hubiesen cumplido sus obligaciones de estado, aquellas para las que están legitimados por el voto de los ciudadanos, no estaría escribiendo estas líneas.

Por último, pido perdón a los seguidores de D. Arturo, pero no puedo evitar que eso de un hombre nuevo nacido de la austeridad y que nos haya faltado la guillotina me suene… pongan ustedes el adjetivo que prefieran.

jueves, 24 de octubre de 2013

Virtudes patrias (I): las herencias recibidas

Mucho se ha hablado a lo largo de la gestión de esta crisis económica que nos azota sobre la necesidad de acometer reformas. Reformas de todo tipo: estructurales, laborales, fiscales, de la banca, del sistema de pensiones y de todo aquello que de alguna forma tenga que ver con el entramado económico del país. Sobre cómo se hayan llevado a cabo y sobre su repercusión social habría mucho que hablar, pero no es eso lo que hoy inspira estas líneas.

Ha amanecido lloviendo, el otoño por fin parece querer barrer los restos del verano. El otoño tiene fama de estación triste pero es, sin embargo, una estación con sabor a comienzo, a buenos propósitos: se acaba el letargo estival, porque en estas latitudes el letargo es más estival que invernal, comienza el curso, aparecen los coleccionables por fascículos y se inician planes, muchos planes. Y este año, además, el otoño comienza con anuncios de recuperación económica. Unos se lo creen más que otros; unos lo atribuyen a las reformas emprendidas, otros no. 

Estos días lluviosos, íntimos invitan a la reflexión. Y entre los augurios de recuperación y la lista de reformas emprendidas me pregunto si alguien se acordado de la reforma de las actitudes. Porque Lehman Brothers, Bankia, el ladrillo, los activos tóxicos, las subprime, su prima -la de riesgo- y demás familia han sido como de casa: a todas horas presentes en todas las pantallas, de la televisión, del Facebook y del smartphone, en las conversaciones del café y de las cañas y quizá en alguna más. Tan presentes han estado que quizá nos hayan hecho olvidar que de tarde en tarde hay que mirarse en el espejo y no para repasar el orden de los cabellos, sino para mirarnos a los ojos y repasar el orden de las actitudes.

Y me pregunto si alguien se ha acordado de la reforma de las actitudes porque por muchas reformas estructurales que hagamos, mientras no cambiemos algunas de las conductas con las que afrontamos el devenir de nuestros días, España alcanzará la ansiada recuperación porque todas las tormentas pasan, pero nunca será ese país que todos deseamos. Nunca podrá medirse con esas democracias que están en la mente de muchos.

Los españoles somos generosos, heroicos a veces, solidarios, alegres, hospitalarios, imaginativos: somos un gran pueblo, dicho sea sin sombra de ironía. Pero al igual que Rodrigo Díaz y el hidalgo Alonso Quijano están en nuestro imaginario, también lo están Lázaro, don Pablos y la sociedad de Vetusta. Cara y cruz.

Haremos reformas estructurales, sí, pero si mantenemos nuestros hábitos picarescos, la maledicencia, la envidia y otras virtudes patrias, amén de nuestra particular manera de interpretar lo fiscal y lo político, difícilmente llegaremos a los estados de bienestar social tan deseados y admirados. 

Cada una de nuestras características del lado oscuro daría para escribir no una página sino ciento. Pero en estos días, por motivos que no vienen al caso aunque algunos los intuyan, me llama particularmente la atención la gestión que hacemos del relevo o de la derrota y la victoria.

No deja de ser llamativo cómo cambia la conjugación –en lo que a persona se refiere- de los verbos según sean los resultados alcanzados: hemos ganado – han perdido. Y esto, más allá de la anécdota, indica una gran facilidad para desvincularnos del fracaso o de la contrariedad, con lo que conlleva de tendencia a eludir los esfuerzos colectivos para superar los resultados adversos.

Y tras cambiar el verbo de persona, la secuencia continúa con la búsqueda del culpable. Siempre se busca un culpable antes que analizar las causas de la contrariedad. Hallado el chivo expiatorio todo resulta más fácil aunque nunca lleguemos a saber qué ha ocasionado el fracaso.

Después, la limpia: todo lo anterior es necesariamente malo. Es preciso segar lo sembrado por el culpable sin reparar si en el sembrado todo es hierba fútil o si hay algunos feraces plantones.

Por último, la herencia recibida. Las dificultades, la debilidad y, a veces, la incapacidad se excusan con las herencias recibidas con la misma insistencia con la que los oficiales de las SS lo hicieron con la obediencia debida. Endeble liderazgo el que se construye desde el parapeto del pasado.

Y lo triste de esta caricatura de la muy hispana gestión de la derrota, la victoria o el relevo, no es la bajeza moral con la que en ocasiones se actúa, ni siquiera la debilidad que evidencia sino las consecuencias económicas y de obstáculo al progreso colectivo.

Este modus operandi tan nuestro conlleva dispendios en la destrucción y posterior creación de estructuras y procedimientos; un análisis deficiente o sesgado de los resultados adversos, clave de un futuro más halagüeño, y pérdida de conocimiento y capital humano. Algo que nuestras empresas, organizaciones e instituciones no deberían permitirse en aras del futuro próspero que deseamos tras este oscuro túnel que tan alto precio está costando a la sociedad española.

jueves, 17 de octubre de 2013

La mirada de un niño

No soy dado a las efemérides, pero hoy, por casualidad, leo que un 16 de octubre de 1986 Reinhold Messner pisó la cumbre de su decimocuarto ochomil, el Lhotse. Se convertía así en la primera persona en ascender a las catorce cumbres de más de ocho mil metros existentes.

Mucho ha nevado desde entonces y más sobre aquellas lejanas cumbres. Desde que la expedición de Maurice Herzog conquistó el primer ochomil, el Annapurna, el Himalaya y el Karakorum han sido escenario de muchos hitos en la historia del montañismo: Hillary y Tensing ascendieron por primera vez al Everest, el más alto; también Messner fue el primero en coronar el Everest sin ayuda de oxígeno; Edurne Pasabán, primera mujer en ascender a los catorce ochomiles y en estos días Carlos Soria encamina sus esfuerzos para ser el primer veterano con más de sesenta años que corona los catorce ochomiles.

Hitos en la historia del montañismo, hitos en la historia del deporte en general e hitos en esa carrera del ser humano hacia el desconocido confín de sus límites.

Tuve la suerte de conocer hace bastantes años a Reinhold Messner: le recuerdo enjuto, fibroso, de tez curtida por las inclemencias de la montaña, pero le recuerdo sobre todo sencillo, muy sencillo intentando comprender y hacerse comprender con los rudimentos de un inglés que casi ninguno dominábamos. Con Carlos Soria tuve más contacto: cuando se le encontraba por la Sierra del Guadarrama compartía chascarrillos, experiencias y, si se terciaba, el bocadillo de chorizo con todos, montañeros de niveles y edades bien dispares.

Personas que han hecho y hacen historia del deporte. Personas que son ejemplo de superación y esfuerzo. Personas que han alcanzado la fama por su tesón como cualquier deportista de élite, aunque con algunas diferencias, sobre todo en los medios iniciales y, más aún, en los ceros de la cuenta bancaria. Porque en lo mediático no cabe siquiera la comparación.

Pero si refiero todo esto no es para vanagloriarme por quién tuve la suerte de conocer, pues no hay
mérito alguno en ello, sino simples circunstancias. Lo refiero porque no olvido una mirada de un niño: en aquellos ojos había ilusión, súplica, emoción y desesperación. El niño gritaba un nombre. Tampoco olvido otra mirada, la de un adulto, indolente, al frente, tras el cristal de un autobús, uno de esos autobuses altos, grandes, de lujo, imponentes, que serigrafiados con los emblemas de un equipo de fútbol transportan unos cuantos cientos de millones de euros en carne de deportista. Imagino cómo hubiese cambiado la mirada del niño si aquel adulto hubiese tan solo girado levemente la cabeza, cruzado una mirada y esbozado una sonrisa. Algún grave tortícolis impidió la magia que torna la súplica en infantil felicidad. Un tortícolis de vanidad y prepotencia.

jueves, 10 de octubre de 2013

Símbolo OEX

Demasiadas notas, mi querido Mozart” cuentan que le dijo el archiduque Fernando a Mozart en el estreno de las Bodas de Fígaro.

Demasiados símbolos, mi querida OEX.

El escenario del Palacio de Congresos estaba repleto. Tocaban la Orquesta de Extremadura y la Orquesta Joven unidas en una inmensa Sexta Sinfonía de Mahler. Como inmensa era la emoción de los aplausos que hicieron vibrar las estructuras del Palacio y anudaron más de una garganta durante varios minutos. La interpretación fue buena, muy buena, quizá magistral, no lo sé porque, sinceramente, no disfruté del concierto. Aquellos aplausos no eran sólo un premio, eran despedida, reivindicación, rabia, esperanza porque el acorde final de la Sexta sonaba más a final que nunca. Era el 5 de julio de 2012.

Aquel 5 de julio era el colofón de una temporada convulsa, llena de incertidumbres y despropósitos políticos, con su acorde final como la Sexta “… y, chimpún, se acabó la orquesta.” (Presidente del Gobierno de Extremadura), solo que en lugar de a sinfonía este acorde sonaba a fanfarria chulapona, prepotente y desafinada.

Y mientras algunos quitaban importancia a la cosa porque al fin y al cabo “…está compuesta por gente del este” (Consejero de Economía), los músicos y sus familias, algunos, pocos, extremeños y los demás, del este, del oeste, del norte o del sur, inmigrantes en Extremadura, dejan en esta tierra su consumo, sus impuestos y su música y, sobre todo, sus vidas que un día decidieron construir en este solar.

Se sucedieron las reuniones y las movilizaciones y quedaba esperar la fumata de la última reunión para saber si Extremadura seguía teniendo orquesta o si cincuenta músicos se iban con su música -y su empleo- a otra parte.

El humo fue gris claro aunque, después de lo pasado, tuvo sabor a fumata blanca: la temporada sería más modesta y los integrantes de la orquesta se reducirían el salario.

Dice el diccionario que un símbolo es aquello que representa una realidad o un concepto por analogía o por convención en virtud de los rasgos que se asocian a tal realidad o concepto. La Orquesta de Extremadura se convirtió en símbolo de demasiadas realidades durante aquella temporada 2011 – 2012 porque simbolizó lo que sucede cuando se aúnan bisoñez, poder, ansia de revancha y escasa sensibilidad por la cultura en un gobierno; fue símbolo de profesionalidad, interpretando magistralmente aun en medio de la tormenta; simbolizó el poder de la constancia, de la movilización y de la razón. Fue símbolo del cariño de la sociedad extremeña por una de sus instituciones culturales, símbolo del apoyo ciudadano.

Símbolo de la solidaridad entre orquestas de toda España, que se mantiene. El 23 de septiembre lo revivimos en la Plaza de la Soledad de Badajoz y, simultáneamente, en muchas ciudades de España.

En medio de la orgía de ajustes y recortes, la OEX fue para muchos un último símbolo de resistencia. Había quién decía: “Como nos la quiten también..."; “Por lo menos la Orquesta que no caiga…

Simbolizó también los riesgos de una ideología: “si quieren cultura que la paguen” y constituyó un ejemplo inequívoco de quién paga sea quien sea el artífice del problema, porque ni los músicos originaron la crisis -como no la ha originado la mayoría de la sociedad- ni decidieron cómo se gestionaba la OEX, pero sí fueron los que estuvieron en situación de expediente de regulación de empleo y sí han sido los que han visto reducido su salario.

Pero la Orquesta de Extremadura también es y seguirá siendo un símbolo del progreso que la actividad cultural extremeña ha experimentado en las últimas décadas. Aún recuerdo la avidez con la que corríamos a comprar las entradas del López cuando se anunciaba la presencia de una orquesta, fuese cual fuese su calidad y renombre. O las escapadas -cuando se podía- al Auditorio Nacional, si es que se quería disfrutar de música en directo. Entonces, pocos pensábamos en que Extremadura tuviese su propia temporada de conciertos con una orquesta propia. Una Orquesta capaz de codearse con cualquiera, con su historial de grabaciones, algunas extraordinarias -no me canso de escuchar el Concierto para Violín de Freitas Branco con Da Costa como solista-. Pocos pensábamos en escuchar a Ara Malikian, a Joaquín Achúcarro o a María Joao Pires acompañados por nuestra orquesta; ni a Ros Marbá o a Cristóbal Halffter dirigiéndola.

Sí, demasiados símbolos en el pentagrama de aquella temporada 2011-2012. Demasiadas fusas y corcheas que nadie deseaba para llenar un compás que no necesitaba más que una nota redonda y plena de progreso y madurez cultural. La temporada pasada transcurrió sin sobresaltos y hoy comienza otra. ¡Que la Orquesta de Extremadura siga así, sin demasiados símbolos, que con su calidad no los necesita!

martes, 8 de octubre de 2013

"Sólo el que sabe es libre"


Cuando el aire de las mañanas empieza a sentirse fresco, el olor cálido del café que escapa por la puerta entreabierta de las cafeterías resulta evocador, acogedor.

- Buenos días.

- Buenos días. ¿Cortadito?

- Si, gracias, como siempre.

- ¿Tostadita?

- Hoy no, gracias. ¿El periódico…?  (¿O debería haber pedido el periodiquito?)

- Allí

- Vale, gracias.

Leo:“La juez de lo Mercantil y su marido, también magistrado, cruzan denuncias”; “La Fiscalía lamenta que religiosas no quieran colaborar en 12 casos de bebés robados”; “Se entrega tras matar a su novia de 14 años en Lérida”; “La ONU enviará a Siria cien expertos en armas químicas”; “Recuperados ya 231 cuerpos de las aguas de Lampedusa”. Sigo leyendo, cansado, pero sigo leyendo: “El marido de Cospedal acumula cargos La exministra en Iberdrola”; “Magdalena Álvarez declara por el caso de los ERE”; “Los recortes llegan a las mutuas de los funcionarios”.

El informe PISA para adultos sitúa a España en el último lugar en conocimientos matemáticos y en el penúltimo en comprensión lectora.

¿En comprensión lectora? ¿Y no será un mecanismo de defensa? Porque a mí casi se me corta la leche del cortado y miren que es corta la cantidad.

Ironías aparte, quizá no deban sorprender tanto estos datos en un país donde cada cambio de gobierno lleva aparejada una nueva Ley de Educación.

Pero puestos a imaginar, en lugar de un mecanismo de defensa -propio-, también podría ser un mecanismo de control -externo-. En semejantes puestos del informe PISA, no es de extrañar que descifrar la factura de la luz se convierta en misión imposible. Ni que extraer el verdadero trasfondo de ciertas noticias y mucho menos compararlas con hechos históricos sea algo al alcance de cada vez menos lectores.

La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.” (Nelson Mandela)  y Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe…Sólo la cultura da libertad…No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. ” (Pablo Unamuno). Pero mientras, un poquito menos de historia, algo menos de filosofía, menos aún de latín y del temario de Educación para la Ciudadanía eliminamos las referencias a la pobreza en el mundo y la falta de acceso a la educación como fuente de pobreza.

Nada que no se solucione con introducir el emprendimiento en la escuela, que libertad y liberalismo (o neoliberalismo ) proceden de la misma raíz. Y para el que no emprenda… Arbeit macht frei.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Honestidad y lenguaje en tiempos de crisis

El primer post de Facebook que leía esta mañana hablaba de tristeza. De la tristeza que provoca la emigración. Porque cuando uno parte en busca de trabajo hacia tierras más o menos lejanas se llama emigrar.

Pero no es de emigración de lo que pensaba escribir, sino de honestidad. Otra vez: hace poco escribía sobre honestidad cuando rememoraba la olla aranesa, hablaba de la honestidad de un guiso. Quizá su relectura me cause cierto sonrojo pues temo haber banalizado el término hablando de temas tan prosaicos cuando lo deshonesto inunda tantas cuestiones mucho más trascendentes.

No sabría decir si la ciudadanía española está desesperanzada, cabreada, deprimida, de todo un poco o si unos, una cosa y otros, otra. Pero de lo que estoy casi seguro es de que el sentimiento de hartazgo ante la manipulación descarada de la información y del lenguaje es general. O dicho de forma más ramplona: harta de la tomadura de pelo.

La gran mayoría de los españoles no merece pagar el precio que está pagando por esta crisis. Pero sea porque no haya más remedio, sea porque en esta tierra se escribió El Quijote y algo de carácter imprime, sea porque se haya instaurado cierto conformismo o sea por cualquier otro motivo, lo cierto es que la ciudadanía paga y aguanta. También la ciudadanía puede haber aceptado la necesidad de muchos ajustes; otra cuestión es la forma y la orientación de esas reformas. Pero nada de ello debería ser óbice para que sea tratada con respeto.

Y con respeto me refiero a no ser engañada ni tratada por imbécil. Esta misma mañana en la emisora estatal se afirmaba que el paro, este mes de septiembre, "ha subido un sesenta y dos por ciento menos que el septiembre pasado". Así, si quiere usted saber el dato objetivo, primero averigüe el porcentaje de septiembre de 2012, luego halle el sesenta y dos por ciento de ese porcentaje, reste… y siga operando hasta que encuentre el dato buscado, suponiendo que no se haya aburrido antes. Pero un sesenta y dos por ciento menos que el septiembre pasado suena mejor que 25.572 parados más ¿no? Dado el dato ya se podrían hacer valoraciones y comparaciones pero primero lo objetivo y después lo subjetivo, al menos eso sería lo honesto.

Igual que movilidad exterior -así lo denominó la ministra- para referirse a la emigración no es un eufemismo y mucho menos, un tecnicismo: es una falta de respeto a todos los españoles y, muy especialmente, a quienes han tenido que emigrar y a sus familias. Y para endulzar un poco más el eufemismo, algunos cantan las ventajas de la movilidad en términos de enriquecimiento personal y experiencia. No pueden ponerse en duda esos argumentos: conocer otras realidades enriquece, pero es la persona quien debe elegir el momento y no las circunstancias.

Si hay que emigrar, se emigra. Si hay que reformar las pensiones, se reforman, pero un IPC del 1,5 % y una subida del 0,25% es una bajada en cualquier tierra donde el pan se llama pan y el vino se llama vino. Esa misma tierra que tiene un idioma que llama caridad a la caridad y solidaridad a la solidaridad, porque no son lo mismo; un idioma que llama recesión al crecimiento negativo, porque lo de crecer hacia abajo está complicado; un idioma que llama subir –los impuestos- al gravamen adicional o que llama abaratar –el despido- a flexibilizar el mercado laboral.

La situación es complicada, muy complicada. Hacer política (política de verdad) en estas circunstancias es difícil, muy difícil, pero respetar no es tan difícil, tan solo requiere honestidad –y humanidad- .

Y si eso es difícil de entender, entonces hay que practicar movilidad política… que puestos a ser finos, también sabemos.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

España a la cola de Europa en formación de trabajadores

Hace unos días, algunos diarios se ocupaban del congreso de la Asociación de Entidades Organizadoras de Formación Continua (AENOA). Los medios de comunicación han sido unánimes en el titular. La noticia no era tanto la celebración del congreso, como la información aportada en una de las ponencias: “España a la cola de Europa en formación continua de trabajadores”.

Un titular que, perdón por la ironía, me recuerda a otra noticia que acabo de escuchar: “este fin de semana comienza el otoño”. A veces se hace noticia de lo obvio, de lo sabido y de lo absolutamente predecible.

En 1993 comenzaba en España la andadura de la formación continua como sistema regulado. Se creó un sistema de gestión bipartito participado por los agentes sociales y económicos. El sistema en su concepción teórica fue alabado en varios ámbitos europeos y, especialmente, en el CEDEFOP.

Matizo en su concepción teórica porque, en la práctica, la bisoñez del sistema demostró algunas debilidades: nada que con los convenientes ajustes no pudiera solucionarse. Sin embargo, a lo largo de su relativamente corta singladura, lejos de corregir el rumbo, ha enrolado tripulación poco avezada en estos mares, ha soportado dos fuertes tormentas y ha padecido alguno de los “males endémicos” de nuestro solar patrio. Con tal diario de navegación las posibilidades de alcanzar buen puerto son escasas: el titular de la noticia es poco o nada novedoso.

Nuevos tripulantes

A partir de 1997, con objeto de dotar de mayor transparencia al sistema, se incorporó la Administración a través del INEM. Sin que deba entenderse como una particular aversión a lo público ni a la Administración (nada más lejos), lo cierto es que ésta suele caracterizarse por su falta de dinamismo y flexibilidad y su inmensa capacidad de burocratizar y ralentizar la gestión. Y así fue.

De sobra es conocida también la tradicional y muy hispánica lejanía del legislador de despacho con la realidad del objeto sobre el que legisla. Y entiéndase lejanía como la diferencia entre la norma basada en postulados teóricos y la casuística del trabajo práctico, sobre la que el legislador suele mostrar un profundo desconocimiento, cuando no desprecio.

Las tormentas

Dos sentencias: una del Tribunal Europeo de la Libre Competencia y otra del Constitucional Español, referentes respectivamente a la formación en empresas y a competencias autonómicas.

Independientemente del debido respeto a los tribunales, ninguna de las dos sentencias debería haber constituido problemas severos para el sistema, sino más bien oportunidades para la mejora.

La sentencia del Tribunal de la Libre Competencia propició la creación del llamado sistema de bonificaciones o formación de demanda con un diseño casi inviable en un tejido empresarial de las características del español. La del Constitucional impulsó las transferencias autonómicas en materia de formación continua, que sin suponer un hecho negativo en sí mismo, tampoco contribuyó a una mejora sustancial de la eficiencia del sistema como podría haber supuesto la descentralización.

Los ajustes originados por la crisis económica (o, mejor dicho, por la orientación ideológica de la gestión de la crisis) han potenciado el sistema de demanda (o bonificaciones) en detrimento de la formación de oferta. Las estadísticas que se publican ofrecen datos cuantitativos favorables para el sistema, pero son estadísticas donde están ausentes los conceptos: calidad, eficacia y eficiencia.

Los “males endémicos”

La formación continua como toda actividad incipiente generó expectativas y oportunidades de negocio, lo que no es intrínsecamente negativo. No, salvo que se impregne de la muy española cultura del dinero fácil y rápido, la cultura del “pelotazo”. Algunas empresas y fundaciones crearon sólidas y comprometidas estructuras profesionales, pero, al mismo tiempo, nacieron –y muchas subsisten- multitud de empresas dedicadas a la gestión de formación con poca ética y menos profesionalidad.

La abundancia de fondos destinados a la formación propició abusos y dispendios contra los que no se supo o no se quiso actuar con eficacia. Las únicas medidas que se diseñaron sólo consiguieron entorpecer la gestión eficiente: mayor burocracia y disminución de las partidas que podrían aportar calidad al sistema; mayor vigilancia del cumplimiento de las obligaciones administrativas y nulo o escaso seguimiento de la calidad y del impacto de la formación. Un escenario en el que se mueven con soltura los oportunistas y se desesperan los profesionales.

En estos tiempos de crisis en los que tanto hablamos de la necesaria mejora de la competitividad la formación es un elemento imprescindible. Sin embargo, el sistema es más ineficaz que nunca: sería difícil aventurar el porcentaje de fondos destinados a formación bonificada que se pierden en cursos inútiles (o inexistentes), cursos de los que solo llega al beneficiario un “regalo” por haber participado: es la dura realidad.

Mientras tanto, las estructuras profesionalizadas y comprometidas con la formación de calidad se destruyen y su capital humano se pierde. Mientras tanto, la necesaria mejora de la cualificación de los trabajadores no llega a las empresas. Y, mientras tanto, en la ponencia que origina el titular se identifica como causa de “estar a la cola de Europa” ¡¡el desconocimiento del sistema!! ¿Es que acaso queda alguna empresa en España que no haya sido visitada por un comercial que ofrece cursos de formación a distancia con una tablet de regalo?

No hace mucho el gobierno y los agentes económicos y sociales han reanudado las negociaciones del Acuerdo de Formación para el Empleo: es una oportunidad para analizar en profundidad el sistema y corregir sus desviaciones. Otra oportunidad…

martes, 10 de septiembre de 2013

Apuntes de unas breves vacaciones pirenáicas (III): La travesía de San Mauricio y Aigüestortes y la fuerza del destino.


Cada vez más espaciados y de menor tamaño, algunos pinos negros y un tapiz de matas de rododendro alternadas con arándanos nos indican que hemos ganado cierta altitud. La espesura del bosque mixto de abedules, hayas, abetos y pinos negros propio de la media montaña iba quedando atrás.

Una vez más, el tronco seco: la misma plateada senectud que fotografié hace unos quince años; lo volví a fotografiar hace cuatro y hoy vuelvo a encuadrar y a apretar el disparador: ya es un viejo conocido. Cada invierno deja su huella: el viejo centinela se hace astillas mientras el rosa vivo de las Digitalis purpureas que lo escoltan entona una canción de juventud.

Faltan unos centenares de metros para llegar a la curva desde la que se abrirá
espectacular un balcón sobre el Estany de San Mauricio, desde cuyas orillas venimos ascendiendo. Comenzará entonces la parte más dura del camino hacia el Portarró de Espot: las últimas y pronunciadas pendientes. Camino pedregoso que transcurre entre prados alpinos y rocas graníticas. En estas altitudes ya no quedan árboles que nos brinden su sombra.


*-*-*-*-*-*

El jeep del Regimiento de Zapadores Fortaleza Nº 1, con sede en Olot, ascendía por la irregular pista de tierra que partía de Espot hacia el Estany de San Mauricio. Un soldado conductor, un capitán y un teniente de la escala de especialistas de obras viajaban en el todoterreno.

En 1952 o 1953 –el narrador no sabe precisarlo con exactitud- el Nº 1 de Zapadores tenía encomendado el mantenimiento de la línea defensiva de los Pirineos Orientales: nidos de ametralladora, observatorios, nichos de voladura que habrían de ser utilizados en una hipotética invasión. Así estaban las cosas por aquellos años.

Sin embargo, la misión de los tres militares que avanzaban por el valle del río Escrita era bien distinta: debían inspeccionar el estado de la pista que comunicaba Espot con el Valle de Boí cruzando la cuerda montañosa por el collado del Portarró de Espot. La carretera de tierra y piedra había sido construida por las compañías que explotaban el potencial

hidroeléctrico de la zona e iba a ser utilizada por su Excelencia el Jefe del Estado, el Generalísimo Franco, para conocer el bello enclave natural e inaugurar varios de aquellos ingenios hidroeléctricos. La egregia visita se produjo en 1955 y probablemente propició la creación del Parque Nacional de San Mauricio y Aigüestortes. La declaración de parque nacional tuvo lugar un mes después de la visita del dictador.

Dos curvas y contracurvas en fuerte pendiente. El bosque se aclara y aparece el Estany de San Mauricio rodeado de cumbres graníticas, custodiado por Los Encantats, los dos gigantes pétreos. El teniente contiene la respiración y queda absorto ante la fuerza, ante la majestad de una naturaleza que pretende mostrarse inaccesible. 


El jeep prosigue su camino ascendiendo por la derecha del lago para luego bordearlo por el Oeste y enfilar la vaguada que conduce al Portarró. Se suceden las paradas para tomar medidas y hacer fotografías. El teniente tenía encomendada la misión de fotografiar la pista y se afana con la cámara Foca de fabricación francesa, un modelo de altas prestaciones con óptica intercambiable. Mientras, su vista sigue descubriendo, devorando. A lo lejos, a la derecha según el sentido de la marcha, se alzan las agujas de Amitges, aisladas, afiladas, con su piedra anaranjada contrastando con el resto de gigantes grisáceos: Bassiero, Ratera, Saboredo…

Tras superar a duras penas unos pronunciados repechos, el jeep alcanza el Portarró. Una nueva sinfonía de baluartes graníticos, Subenuix, La Muntayeta, Colomers, suena como canto de sirena en los ojos del joven teniente, que ya mantenía algunos amoríos con las tímidas montañas de Olot y La Garrotxa. El descaro de aquellas cumbres le era desconocido.

La travesía continúa. Comienza la bajada por el Valle del Río San Nicolau. A la derecha y a

cierta distancia, recogido en su taza de piedra, queda el Estany Redó. El jeep, ahora con el motor más desahogado, emplea a fondo los frenos. Según se desciende, los prados alpinos se van poblando de pinos negros y tras algunas curvas el bosque envuelve de nuevo el camino. Llegan al Estany Llong, la pista lo bordea por la derecha y discurre paralela al río San Nicolau. El río brota ávido de libertad del extremo del lago y se descuelga protestón entre canchos y pendientes, lanzando espumarajos y modelando la piedra. Así lo ha hecho durante siglos. Y la pista prosigue y los frenos del jeep y el río protestan, unos quejosos y el otro rugiente. Alcanzan el Planell de Aigüestortes.
La estridencia de las cumbres, los redobles del río se tornan lírica melodía: una meseta. El San Nicolau se remansa formando cien islas, meandros que transcurren entre bosquecillos y prados salpicados de pequeñas orquídeas rosadas, ranúnculos y jacintos amarillos, campanulas moradas. Locus amoenus. Adagio de Pastoral.

Dejando atrás la idílica llanada el camino continúa su descenso. Cascada de Sancti Spiritu, el Estany Llebreta con sus orillas cubiertas de vegetación lacustre y, al final, la carretera que cruza el Valle de Boí. Los militares toman dirección Pont de Suert y regresan a Olot. 

*-*-*-*-*-*

Un último esfuerzo y alcanzamos los dos mil cuatrocientos metros del amplio collado del
Portarró. Las fotos de rigor, una barrita energética y unos tragos de bebida isotónica.
Repasamos las cumbres que nos circundan: a lo lejos, a la izquierda Los Encatats, Monestero, Subenix… E iniciamos el descenso hacia el Valle del San Nicolau. El camino comienza con una fuerte pendiente desde la que se divisa a la derecha el Estany Redó y, al final de la bajada, el Llong. A la izquierda, unos contrafuertes de piedra ya musgosa nos muestran los restos de una pista abandonada.

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El teniente esperaba el aviso del laboratorio del Regimiento. Necesitaba las fotografías para completar el informe de la pista inspeccionada.

Malas noticias. No saben si los carretes estaban defectuosos, si se han manipulado mal: no hay fotos. La conversación con el capitán es escueta: las fotografías son necesarias, no hay jeep ni conductor disponibles. Tren a Pobla de Segur, donde le recogerá un camión del destacamento de Llavorsí y le dejará en el cruce de la carretera de Espot. Desde allí, el teniente dispondrá de sus pies, la cámara y dos días para solucionar el problema. Otro transporte militar le recogerá en La Farga, en la carretera del Valle de Boí.

Nueve kilómetros separan el cruce del pueblo de Espot, desde allí otros ocho kilómetros hasta el Estany San Mauricio y seis hasta el Portarró. Allí acaba el tramo ascendente que acumula mil cien metros de desnivel. Otros quince, tal vez algo más, de bajada le llevarán hasta La Farga, la residencia que la ENHER, compañía responsable de las obras hidroeléctricas, regaló poco después al general Franco.

El camión frenó poco después del puente del Río Escrita, cerca de su desembocadura en el Noguera Pallaresa. El teniente bajó del camión, miró la carretera que mostraba una acusada pendiente, se colocó la mochila e inició el camino. Nueve kilómetros de rampas, curvas y contracurvas y al final de una recta jalonada por algunos abedules se asoman las pocas casas de Espot. Arquitectura sobria de montaña: pizarra y madera. Un puente medieval que queda a la derecha del camino señala el final de la aldea.


Hayas, avellanos, abedules, servales, pinos negros y abetos regalan su sombra al caminante que ya conoce el trayecto. Las curvas, el lago al pie de los altivos Encantats. La atención en la cámara, en las fotografías de la pista, las emociones escalan las cumbres que circundan el camino.

Cae la tarde llegando al Portarró, los mismos arpegios de granito, la misma sinfonía de hace unos días. Pero andando y solo en la inmensidad de la montaña pirenaica las sensaciones son distintas. Son mejores, infinitamente intensas. Los operarios de la ENHER le permiten pernoctar en el refugio cercano al Estany Llong. La noche se cierne sobre el bosque, las cumbres se perfilan en lontananza y un tapiz de estrellas, de muchas estrellas, muchas más que las que se ven en otras altitudes, cubre el silencio surcado por el rumor del San Nicolau.

Amanece y la marcha prosigue, el bosque, los prados y meandros del Planell, la cascada, el Estany Llebreta y por fin la carretera y La Farga. El teniente está cansado. Cansado y decidido. Decidido a dedicar su vida a la montaña.

Después del Regimiento de Olot, llegó el destino en Madrid. Allí, primero, los Grupos Universitarios de Montaña del SEU; después, los cargos en la Federación Española de Montañismo, marchas, escaladas, campamentos, la Sociedad Deportiva Excursionista, el Grupo de Alta Montaña, colaboraciones en expediciones, diseño de mapas de montaña… Toda una vida entorno a las cumbres, sin grandes retos, solo disfrutando, cada uno entiende la montaña a su manera. En los Grupos Universitarios de Montaña conoció a una montañera. Montañera desde pequeña: su padre ya andaba en las primeras décadas del XX entre los pioneros de la Sierra del Guadarrama.


*-*-*-*-*-*

Hacemos un descanso en las orillas del Estany Llong y continuamos el descenso hacia el Planell. El camino ya es más cómodo, transcurre por una pista que utilizan los vehículos todoterreno del Parque Nacional. La misma pista que está abandonada en las inmediaciones del Portarró se ha conservado y mantenido para el servicio del Parque:
desde la carretera hasta el Estany Llong en la vertiente del San Nicolau y desde Espot hasta algo más arriba del Estany de San Mauricio en la vertiente del Río Escrita. La pista fue construida a principios de los años cincuenta.

Llegamos al final de nuestra ruta: la parada de taxis todoterreno que nos ahorrarán los últimos kilómetros de bajada hasta Boí. La memoria impregnada de cumbres, de bosques, de torrentes.

Mientras esperamos que llegue un Land Rover, pienso en las casualidades: si aquellos carretes no se hubiesen velado, si aquellas fotos hubiesen salido bien en el primer intento quizá nadie hubiese escrito estas líneas.

*-*-*-*-*-*

El teniente y aquella montañera unieron sus vidas, las unieron también con la montaña y tuvieron un hijo que, en el verano de 2013, empezó a escribir un blog.